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domingo, 4 de mayo de 2014

En busca del tiempo perdido 1: Por el camino de Swann (Marcel Proust)




No tenía pensado poner Por el camino de Swann en el reto de mayo, pero al terminarlo pensé que no podía ser de otra manera. 

Eterno pendiente en la estantería durante años, nunca veía el momento de conocer a Proust. Quizás tenga que ver ese respeto que se le suele tener, ¿quién no conoce sus famosas magdalenas aún no habiendo leído su obra?, su fama de descriptivo en exceso y los siete volúmenes que componen En busca del tiempo perdido, hacen que lo pienses al menos un segundo antes de lanzarte.

Sin embargo, para nadar hay que mojarse y creo que no he podido zambullirme en su obra en mejor momento. He disfrutado leyendo esas descripciones, imaginando paisajes y recordando aquellos años junto a él.

"Otras veces, así como Eva nació de una costilla de Adán, una mujer nacía mientras yo estaba durmiendo, de una mala postura de mi cadera".

Por el camino de Swann se divide en tres partes:

Combray: El más descriptivo de todos y sin embargo el que más he disfrutado de leer. Rememora las vacaciones del joven Proust en casa de su tía Leoncia, personaje brillante que vale la pena conocer.

Unos amores de Swann: Donde narra la historia de amor entre Swann y Odette de una forma en que todos los sentimientos son diseccionados.
 
“¡Cada vez que pienso que he malgastado los mejores años de mi vida, que he deseado la muerte y he sentido el amor más grande de mi existencia, todo por una mujer que no me gustaba, que no era mi tipo!”

Nombres de tierras, el nombre: El joven Proust se enamora, de esa forma tan inocente y  sensible que precede al primer amor, esta vez con los Campos Elíseos de fondo.

“La realidad que yo conocí ya no existía [...] Recordar una determinada imagen no es sino echar de menos un determinado instante, y las casas, los caminos, los paseos, desgraciadamente son tan fugitivos como los años”.

Ese párrafo está lleno de belleza y dice mucho de lo que se puede esperar de todo el libro, En busca del tiempo perdido no es más que eso, volver a ese tiempo pasado que ya no existe.