No tenía pensado
poner Por el camino de Swann en el reto de mayo, pero al terminarlo pensé que
no podía ser de otra manera.
Eterno pendiente
en la estantería durante años, nunca veía el momento de conocer a Proust.
Quizás tenga que ver ese respeto que se le suele tener, ¿quién no conoce sus
famosas magdalenas aún no habiendo leído su obra?, su fama de descriptivo en
exceso y los siete volúmenes que componen En busca del tiempo perdido, hacen
que lo pienses al menos un segundo antes de lanzarte.
Sin embargo,
para nadar hay que mojarse y creo que no he podido zambullirme en su obra en
mejor momento. He disfrutado leyendo esas descripciones, imaginando paisajes y recordando
aquellos años junto a él.
"Otras
veces, así como Eva nació de una costilla de Adán, una mujer nacía mientras yo
estaba durmiendo, de una mala postura de mi cadera".
Por el camino de
Swann se divide en tres partes:
Combray: El más descriptivo de todos y sin embargo el que más he
disfrutado de leer. Rememora las vacaciones del joven Proust en casa de su tía
Leoncia, personaje brillante que vale la pena conocer.
Unos amores de
Swann: Donde narra la historia de amor entre Swann y Odette de una forma en que
todos los sentimientos son diseccionados.
“¡Cada vez que pienso que he malgastado los mejores años de mi vida, que he deseado la muerte y he sentido el amor más grande de mi existencia, todo por una mujer que no me gustaba, que no era mi tipo!”
Nombres de
tierras, el nombre: El joven Proust se enamora, de esa forma tan inocente y sensible que precede al primer amor, esta vez
con los Campos Elíseos de fondo.
“La realidad que
yo conocí ya no existía [...] Recordar una determinada imagen no es sino echar
de menos un determinado instante, y las casas, los caminos, los paseos,
desgraciadamente son tan fugitivos como los años”.
Ese párrafo está lleno de belleza y dice mucho de lo que se puede
esperar de todo el libro, En busca del tiempo perdido no es más que eso, volver
a ese tiempo pasado que ya no existe.
