Rebeca era uno de mis grandes pendientes, una de esas
novelas que todo el mundo recomienda y por una cosa u otra no había llegado a
mis manos. Ni había visto la película, ni conocía la historia sobre la demanda
por plagio de Jane Eyre.
El principal protagonista de la novela es Manderley, el ambiente
que lo rodea de melancolía se respira a través del papel. La segunda
protagonista es Rebeca, la forma en que la muchacha sin nombre siente su
presencia que todo lo llena, la habitación de Rebeca, la comida que le gustaba
a Rebeca ¡las cosas de Rebeca!
El complejo de inferioridad que tiene, esos celos que
amenazan con poseerla y esa idea magnífica que tuvo la autora de que nunca
sepamos su nombre, porque podría haber sido cualquiera. Es una joven sencilla,
normal, no es Rebeca.
Maxim de Winter y la señora Danvers son los dos personajes
atormentados cada uno a su manera, que no lo ponen fácil, para el disfrute del
lector.
Otra cosa que me encantó fue el “nada es lo que parece”, que
cambia el ritmo de la novela dándole un nuevo sentido a la historia. Y por eso
mismo la novela parece estar dividida en dos partes, me ha gustado más la
primera, la misteriosa, la sombría, pero no le hago feos a la segunda.
Y el final. Nada más acabar la novela volví a leer los
primeros capítulos, porque el final es el principio. Otra idea estupenda de la
autora.
