¡Readathon finalizado y reto superado!
Porque al
final he acabado el libro, aunque no esperaba que me diera tiempo. El caso es
que me he encontrado con una lectura mucho más sencilla de lo que esperaba. El léxico fácil y los capítulos cortos han hecho que las hojas del papyre volaran.
A sus quince años, Christopher Boone, conoce las
capitales de todos los países del mundo, puede explicar la teoría de la
relatividad y recitar los números primos hasta el 7.507 pero le cuesta
relacionarse con otros seres humanos. Le gustan las listas, los esquemas y la
verdad, pero odia el amarillo, el marrón y el contacto físico. Si bien nunca ha
ido solo más allá de la tienda de la esquina, la noche que el perro de la
vecina aparece atravesado por un horcón, Christopher decide iniciar la búsqueda
del culpable.
La historia en
sí (que no contaré para no destripar) no es novedosa, lo original viene de la
mano del protagonista. De leer su punto de vista y ponerte en sus zapatos y ver
el mundo de la forma en que él lo ve. Es una novela que hace reflexionar sobre
lo complicado que puede ser vivir con una persona con problemas psíquicos.
Me alegro de
haberla leído en inglés, creo que si lo hubiera hecho en castellano no me hubiera
implicado de la misma forma, y mis conclusiones hubieran sido muy distintas.

