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sábado, 31 de mayo de 2014

El Paraíso de las Damas (Émile Zola)



Si estuviera al frente de una editorial una de las primeras cosas que haría sería reeditar toda la saga de Los Rougon-Maqcuart. No consigo entender que resulte tan difícil conseguir estas novelas. Hace unos años parecía que Alba las estaba recuperando desde el principio, pero no debió ir bien porque tras las cuatro primeras: La fortuna de los Rougon, La jauría, El vientre de París y La conquista de Plassans se detuvo la cosa. Y ahí me quedé yo también, porque me había enamorado de la obra de Zola, pero algo dentro de mí se rebelaba cuando pensaba en leerlas desordenadas. Ya sé, ya sé que cada novela se puede leer independientemente, pero era una manía, algo que se me metió entre ceja y ceja. Era. Porque con el paso de los años fui comprando sus novelas sueltas Germinal, La obra,… pero aún me resistía a leerlas, hasta que llegó The Paradise. Al contrario de lo que suelo hacer normalmente, empecé a ver la serie y me encantó. Luego me hice con la reedición de Alba, pero aún así aún la he tenido muchos meses en la estantería. ¿El haberlo leído significa que me he rendido a la idea de poder tener y leer en orden toda la saga Los Rougon-Maqcuart? De momento sí, pero me niego a perder la esperanza por completo. 


He disfrutado muchísimo con El Paraíso de las Damas, cada descripción de ese monstruo que acaba comiéndose a los pequeños comerciantes, su desesperación y su grandeza. Cada clienta, cada dependiente. Y los protagonistas, la dulce Denise que acaba cumpliendo esa especie de profecía que es como una broma al principio de la novela “llegará algún día que alguna mujer se vengará de ti, Mouret”.


 El propio Octave Mouret es el personaje que más me ha gustado, me ha fascinado su visión y me ha emocionado su pasión. Y eso que no es la primera vez que me encuentro con él, pero claro, con el paso del tiempo apenas recuerdo su trama en La conquista de Plassans. Aún así, creo que ya siempre me lo imaginaré en esa escena  en lo alto de la escalera “en el amplio rellano central que dominaba la galería. Pero no se acordaba ya del balance, no veía su imperio, aquellos almacenes repletos de riquezas. Todo había desaparecido, las ruidosas victorias del ayer, la colosal fortuna del mañana. Sus ojos desesperados iban siguiendo a Denise; y cuando ésta hubo cruzado el umbral de la puerta, todo desapareció y el recinto se sumió en la oscuridad”. 


Poco puedo decir de la novela que no se haya dicho ya, me hubiera encantado leer primero Pot-Bouille, donde se cuenta el primer matrimonio de Octave Mouret, aunque no creo que haya novela más optimista, pese a todo, en toda la saga que El Paraíso de las Damas.