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viernes, 3 de abril de 2015

Hijos y amantes (D.H. Lawrence)



Gertrude Morel, una delicada aunque enérgica mujer, ha dejado de amar a su aburrido y desestructurado esposo para dedicarse por entero a sus hijos, William y Paul. El conflicto surgirá, de manera inevitable, cuando Paul se enamore y quiera escapar del sofocante abrazo de su madre. Situada en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, Hijos y amantes (1912) refleja con inigualable maestría los problemas que genera toda transición: de un pasado agrícola a un futuro industrial, de una generación a la siguiente. De la niñez a la adolescencia.


Hijos y amantes ha supuesto mi reencuentro con Lawrence. Se trata de una novela autobiográfica en parte, y dicen que reescrita al menos cuatro veces. Para mí ha sido un novelón de principio a fin. 

No es una lectura fácil, es densa, pausada, que en la mitad de la historia parece que no avanza, pero aún así me ha gustado. Hacía tiempo que no leía un análisis tan profundo sobre unos personajes. 

La primera parte cuenta el matrimonio de los Morel. La desilusión de Gertrude ante un matrimonio que no es lo que esperaba, con un marido alcohólico y brutal en el ambiente minero de la Inglaterra profunda. Así las cosas, la señora Morel se vuelca en sus hijos, con la esperanza de que ellos sean todo lo que ella no pudo ser. 

En la segunda parte el segundo hijo de los Morel es el protagonista. Paul es tímido, sensible y aspirante a pintor. Cuando las mujeres entran en su vida se descubre que es un personaje confuso, indeciso y contradictorio. 

Miriam, su amiga de la infancia, es todo lo que Paul podría desear intelectualmente. Ambos se sienten unidos espiritualmente, pero la falta de atracción sexual es un lastre que Paul no puede superar. Todo lo contrario le ocurre con Clara, una mujer luchadora que vive separada de su marido, representa la pasión pero con la que no encuentra esa comunión intelectual y espiritual. 


Paul no puede estar con ellas mucho tiempo, se siente agobiado y las rehúye, pero al mismo tiempo no se decide a abandonarlas. 

El problema de Paul con el sector femenino tiene su origen en la mujer de su vida, su madre. No es que la señora Morel sea una madre dominante, todo es mucho más sutil. No considera a ninguna mujer idónea para su hijo. Miriam le resulta demasiado absorbente y sabe que Paul se aburrirá de Clara tarde o temprano. 

Para Paul su madre es el pilar de su vida, no puede, no quiere abandonarla, “mientras tú vivas, nunca me casaré” le dice, y pretende actuar en consecuencia sin querer renunciar a nada.