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martes, 24 de febrero de 2015

La hija del bosque. Sieteaguas 1. (Juliet Marillier)



"Sieteaguas, el último reino irlandés, se mantiene al margen de las invasiones de sajones y britanos gracias a la protección de una impenetrable espesura en la que, según cuenta la leyenda, la Dama del Bosque protege a sus habitantes. El señor del reino, Lord Colum, es padre de seis hijos: Liam, el espíritu de liderazgo hecho hombre; Diarmid, amante de la aventura; los gemelos Cormack y Conor, cada uno con su vocación, el subversivo Finbar y el compasivo Padriac. Sin embargo, será su única hija, Sorcha, la encargada de proteger a su familia."
He aquí una víctima más de la obsesión Marillier que Magrat ha ido extendiendo entre los fans de la fantasía. 

Lo que me llamó la atención de esta novela fue que Magrat la describió como una historia de cuento de hadas de las de antes. Esa es la fantasía que me gusta, y desde la trilogía de Merlín de Mary Stewart o Las nieblas de Avalón de Marion Zimmer Bradley no encontraba algo así. 
Esa mezcla de historia, cuento y magia es de lo que más disfruto del género y todo ello lo he encontrado en La hija del bosque. 

La historia me ha sorprendido, aunque se trata de una trilogía la novela es autoconclusiva, y aunque hay cosas que son previsibles en este tipo de cuentos, cuando esperaba que tal o cual personaje tomaran protagonismo me equivocaba, resultando ser otra la pieza clave. La novela me ha tenido totalmente enganchada. 

Otra razón por la que me ha gustado tanto son los personajes. Sorcha es una gran protagonista, pero todos los personajes son atractivos, cada uno a su manera. Y la prosa de Juliet Marillier, lo suficiente descriptiva para transportarme a su mundo y no demasiado detallista en los momentos fuertes y desagradables. 

He llegado al final con esa mezcla de ganas de saber y pena al mismo tiempo porque no quería que terminara y dejar a los personajes, a los que tanto cariño les he cogido. Y creo que esa es la mejor recomendación que se puede hacer de una novela así. 

Esta novela me ha devuelto la ilusión por esa fantasía que creía perdida. Tengo muchas ganas de continuar leyendo a Juliet Marillier. 

Pd: A partir de ahora, compartir una manzana es símbolo de amor, así que cuidadín.