Encontramos a nuestra heroína en plena Inglaterra victoriana. Margaret Mackenzie, una «solterona» de mediana edad que ha dedicado toda su vida al cuidado de los demás, recibe una inesperada y considerable herencia tras la muerte de su hermano y, por primera vez en su monótona existencia, se siente libre para buscar cierto grado de felicidad. Margaret decide mudarse entonces de su sombría casa de Londres a un alegre apartamento en la próspera y refinada comunidad de Littlebath donde, tal vez con un ojo puesto en su fortuna, los pretendientes se le van presentando uno tras otro...
Al
acabar La señorita Mackenzie lo primero que pensé es que es una de esas
historias que deberían tener unas cuantas adaptaciones de la BBC. No, no me
conformo con una.
Cuenta
con una protagonista que ya no es una niña, tampoco una belleza, pobre y con
una vida aburrida, que de la noche a la mañana se ve convertida en heredera. Y
con el dinero vienen los pretendientes. Todos parecen encantadores al
principio, pero ya sabéis que en estas historias la fachada engaña. Los galanes
no lo tendrán fácil, porque Margaret ahora que es rica y está empezando a
disfrutar de una libertad desconocida, no está dispuesta a abandonar su
soltería por el primero que se cruce en su camino. Yo tampoco lo haría.
Lo
que más he disfrutado de esta historia es de la pluma de Trollope, es en este
tipo de novelas en las que me siento como pez en el agua. Lo reconozco.
Me
lo he pasado en grande con este Trollope irónico al estilo Jane Austen, al
principio intentando averiguar cuál sería el galán de los galanes que
enamoraría a nuestra protagonista, y después deseando saber cómo se resolvería
todo.
Otra
cosa que me ha gustado mucho es que Trollope va dando sus opiniones entre
párrafo y párrafo, me encanta cuando los autores hacen eso y más si es de esta
manera tan divertida. Es como si el autor volviera a la vida en esos pequeños
instantes.
Me
encantaría hablaros de los galanes, de la familia de Margaret y de los
stumfoldianos, pero vale la pena entrar en la historia sin saber demasiado, y
que sea Trollope el que os guíe.
