Hace unos meses
os contaba que me había enamorado de Emilia Pardo Bazán gracias a Memorias de un solterón, y me prometí a mi misma que no dejaría pasar mucho tiempo sin leer
otra de sus obras, además ahí estaba ElizzyB metiéndome el gusanillo en el
cuerpo con Doña Milagros. Así que
aprovechando el #CicloPardoBazán que ha organizado Jesús de La Caverna Literaria,
me puse con Doña Milagros.
Doña Milagros es la precuela de Memorias de un solterón. Esta vez es Don Benicio, el patriarca de los
Neira, el encargado de contar la historia que comienza con el nacimiento de sus
últimos retoños y la presencia necesaria en su nueva vida de su vecina, Doña
Milagros, una mujer muy curiosa, un “ángel del hogar” para Don Benicio, pero no
tanto para el resto de Marineda.
Al igual que en
Memorias de un solterón, Pardo Bazán utiliza la historia para hacer una crítica
de la posición de la mujer en la época. Y como en la novela si algo hay son
mujeres, hay varios casos dignos de estudio.
El de María
Ramona o Argos divina ha sido uno de mis favoritos. En una sociedad donde la
mujer tenía que controlar sus pasiones, Argos es un volcán en erupción. Me ha
parecido maravillosa toda su trama y me explayaría en ella, pero no quiero
spoilear a nadie.
El caso
contrario al de Argos es el de su hermana Clara, me hubiera encantado una
novela dedicada a ella, su forma de buscarse la vida es más reflexiva. Sin
querer ser una carga para su familia y sin pensar siquiera en un matrimonio sin
amor, sólo le queda un camino que elegir.
Algo parecido es
lo que busca nuestra querida Feíta, su discurso sobre querer estudiar y
aprovechar las oportunidades que su hermano desaprovecha, querer ser
independiente con un oficio para no necesitar a nadie que la mantenga, me ha
parecido de lo mejor de la novela en cuanto a crítica.
Espero volver
pronto a sentarme con Emilia Pardo Bazán, lo siento Galdós, te ha salido
competencia.
